Belleza

“Cuando se trata de la cara, es casi imposible separar salud y estética”

Ilan Rosenberg, protesista reconstructivo craneofacial y fundador de Laboratorio Arcomed.

Si tomamos en cuenta que la cara es considerada como la parte del cuerpo central de nuestra vida física, mental y social, ya que desde acá nos comunicamos hacia el mundo, cuando existe una malformación congénita, heridas por accidentes devastadores o mutilaciones producto del cáncer en este sector, es complejo separar la salud de la estética.

Dada la importancia de esta parte del cuerpo, junto a lo prejuiciosa que puede llegar a ser la sociedad en la que nos encontramos, aquellas personas que pasan por una rehabilitación en base a implantes craneofaciales no sólo lo hacen para lograr recuperar su forma y función, sino que también para mejorar su aspecto psico-social y su calidad de vida, donde lo estético cumple un rol fundamental en lo que es la salud de una persona.

Ya lo advierte la Organización Mundial de la Salud, institución que define el concepto de “salud” como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad”, donde estos tres niveles de bienestar se mezclan entre sí, interviniendo cada uno de ellos en el otro. Y ya que el rostro es el centro de nuestra vida física, mental y social, la apariencia, mejor dicho, el cómo uno se presenta al mundo, es relevante para equilibrar nuestra salud.

Moldear contornos faciales, rellenar malformaciones del cráneo o incluso insertar implantes oculares son procedimientos aplicados al rostro, que además de velar por recuperar la función, también lo hacen por lo estético. Gracias a los grandes avances en tecnología, es que hoy podemos encontrar alternativas customizadas a la medida de cada paciente. Dentro del proceso para lograr obtener el resultado esperado, se utilizan diversos software inteligentes e impresoras 3D las cuales mientras reconstruyen una cara, reconstruyen la autoestima y la calidad de vida.

Aquellos pacientes que acuden a nuestro laboratorio lo hacen para sentirse seguros y confiados de sí mismos, más que por tener una cara perfectamente bonita. El impacto que produce un implante en la vida de las personas es profundo, tanto en lo físico, mental y social, y por sobre todo, en lo emocional, especialmente para aquellos que viven por años con una malformación congénita, atormentándolos día a día.

Y los resultados que obtenemos son fantásticos: más sonrisas, mayor presencia y mayor seguridad. Cuando se trata de la cara es casi imposible separar la salud de la estética, porque precisamente la estética es un componente más del entramado llamado salud, y debido a que el rostro es nuestra carta de presentación al mundo, donde se reflejan nuestras emociones y el cómo nos comportamos frente a la adversidad, corregir los vestigios de un accidente o de una enfermedad grave en esta parte del cuerpo, fomentará la confianza en uno mismo.

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