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Cansancio acumulado y burnout: por qué diciembre se convierte en uno de los meses más desgastantes del año

 

La acumulación de exigencias laborales y personales a lo largo del año hace de diciembre un período especialmente desafiante, en el que el cansancio sostenido y el estrés crónico hacen más visibles las señales de agotamiento, conocido como síndrome de burnout.

Cierres laborales, evaluaciones finales, compromisos sociales y balances personales intensifican el desgaste emocional y físico para trabajadores y trabajadoras en Chile. Especialistas advierten que durante este mes aumentan los síntomas de estrés acumulado y se hacen más visibles las señales asociadas al síndrome de burnout, un fenómeno que afecta a una parte significativa de la población activa.

De acuerdo con mediciones recientes de Laborum, siete de cada diez chilenos se han sentido desmotivados durante el último año, mientras un 70% declara experimentar altos niveles de estrés y un 40% reconoce haber sufrido agotamiento físico o mental. A esto se suma que un 34% afirma no lograr desconectarse del trabajo una vez finalizada la jornada laboral, una situación que tiende a intensificarse hacia el cierre del año.

Según Susana Romero, psicóloga de Grupo Cetep, diciembre funciona como un punto crítico donde confluyen exigencias acumuladas y una disminución sostenida de la energía disponible. “El cierre de año no es solo laboral. Muchas personas llegan a diciembre con un cansancio que combina responsabilidades profesionales, cargas familiares y una autoexigencia muy alta, lo que eleva el riesgo de desgaste emocional”, explica.

La especialista señala que existe una presión cultural instalada en torno a la idea de “cerrar todo” antes del 31 de diciembre, lo que amplifica tensiones que se arrastran durante meses. Cuando no ha habido pausas reales durante el año, el cuerpo y la mente comienzan a manifestar señales claras de agotamiento”, advierte.

Burnout: un desgaste que se acumula

El síndrome de burnout, a diferencia del estrés puntual, se desarrolla de manera progresiva a lo largo de semanas o meses de sobrecarga sostenida y suele pasar inadvertido en sus etapas iniciales. No corresponde a un cansancio pasajero ni se resuelve únicamente con unos días de descanso. Se trata de un estado de agotamiento físico y emocional sostenido en el tiempo, provocado por una exposición prolongada a situaciones de alta demanda y escasos espacios de recuperación. “Cuando el estrés se vuelve crónico, el organismo entra en un modo de desgaste constante, que afecta no solo el rendimiento laboral, sino también la salud mental y la vida personal”, señala Romero.

Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran el cansancio físico persistente, la irritabilidad, la dificultad para concentrarse, los problemas de sueño y la sensación de estar funcionando en automático. “Muchas personas normalizan estos síntomas en diciembre, asumiendo que son parte del mes, cuando en realidad indican un nivel de desgaste que requiere atención”, señala Romero.

En etapas más avanzadas, el burnout puede derivar en trastornos de ansiedad, síntomas depresivos, problemas de sueño persistentes y un distanciamiento emocional tanto del trabajo como de los vínculos personales. “Muchas personas comienzan a sentirse desconectadas o sin sentido frente a lo que hacen, lo que impacta directamente en su bienestar y en su calidad de vida”, advierte la psicóloga de Cetep.

Cómo enfrentar diciembre sin agotarse

El impacto de este agotamiento no se limita al cierre del año. Especialistas advierten que llegar a diciembre en un estado de fatiga profunda condiciona también la forma en que se proyecta el año siguiente. “Cuando se termina el año emocionalmente exhausto, resulta mucho más difícil planificar cambios, fijar metas realistas o iniciar un nuevo ciclo con claridad. El burnout afecta incluso la manera en que se vive enero”, explica.

En ese contexto, Susana Romero señala que enfrentar diciembre sin profundizar el desgaste requiere introducir ajustes concretos en la rutina cotidiana. Priorizar tareas realmente urgentes, evitar extender innecesariamente la jornada laboral y respetar espacios mínimos de descanso diario son medidas que permiten reducir la carga acumulada. “No se trata de hacer más para cumplir con todo, sino de aceptar que los recursos personales son limitados y que el descanso también es una necesidad”, señala Romero.

La psicóloga agrega que mantener hábitos básicos, como horarios regulares de sueño y pausas breves durante el día, cumple un rol clave en la regulación emocional. Asimismo, recomienda anticipar y conversar expectativas en el entorno laboral y familiar, de modo de evitar sobrecargas innecesarias en un mes marcado por compromisos y exigencias múltiples.

Finalmente, la experta subraya que el autocuidado no es una meta postergable para el año siguiente. “El bienestar no comienza en enero. Incorporar límites y espacios de recuperación ahora permite cerrar el año con mayor equilibrio y enfrentar el nuevo ciclo con más recursos emocionales”, concluye.

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