Para algunas mujeres la maternidad es algo mágico o hermoso, para otras, algo completamente irrelevante y, para un puñado, puede ser considerado como un total castigo.
Digamos que encajas en el primer caso. Desde pequeña tuviste tus muñecas, coches y chucherías varias para “criar” a tu guagüita de plástico. La sacabas de paseo, le dabas su leche, la peinabas -si es que tenía pelo- y cuidabas de ella como lo que era, tu hija de juego.
Fuiste creciendo y esta idea de ser madre se fue afianzando, vislumbrándose cada vez más como algo realizable y tangible. Conociste a alguien y hubo química, la suficiente como para -en el mejor de los casos- planificar ser madre, por lo que este sueño que tuviste desde niña comenzó a materializarse.
Para una madre siempre van a tener su cuota de dificultad los primeros meses del bebé, pues bien son sabidos los nuevos desafíos a los que te tienes que enfrentar, desafíos de los que has escuchado y visto quizás por la experiencia de amigas o familia, pero que ahora te toca experimentarlos a ti con tus propias herramientas.
Es para lo que siempre te preparaste, ¿no? Hagamos relucir todos estos años cargando a tu bebito de juguete, demos crédito de todo aquello que vociferamos que deseábamos con la llegada del primogénito.
Para bien o para mal, te diste cuenta de que el sueño es perfecto, mas la realidad no. Lo que pudiste llegar a ver por parte de la experiencia de tus cercanos, no fue más que una pincelada, la superficie de un profundo iceberg que alberga una gran cantidad de variadas dificultades tanto con el propio bebé como con quienes te rodean.
¿Oye por qué haces esto así?
¿Deberías aprender de tu prima, ella lo más bien que ha criado a su hijo?
En este video te enseñaré por qué todo lo que estás haciendo con tu bebé, está mal…
Siempre te encontrarás con comentarios, buenos y malos por supuesto, pero ninguno de los opinólogos que te encuentres sabrá realmente qué es lo que pasa contigo, lo que sucede puertas adentro. No conocen todo lo que has dejado atrás para darle lo mejor a tu bebé; las nuevas discusiones a las que has tenido que empezar a enfrentarte; las nuevas dificultades que estás teniendo que conocer para llegar a fin de mes.
Finalmente, empezaste a darte cuenta de que por más que te hayas ilusionado con la idea de tener un hijo, por más que te hayas preparado, se cumple el dicho de que nadie te prepara para ser mamá.
No te culpes por el sentimiento de que tu ilusión ha empezado a desvanecerse por las dificultades, es normal que vaya cambiando, porque tú misma irás creciendo junto con tu bebé para enfrentarte a esta nueva etapa de vida. Siempre recuerda que quien mejor conoce tu realidad eres tú, ten la certeza de que estás haciendo lo mejor para ti y tu familia y así, te darás cuenta de que quizás las cosas no son como te las imaginabas de niña, sino que este sueño va evolucionando contigo.
PS. DIEGO BONTÁ
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