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El costo invisible del regreso laboral: El desafío emocional de volver a la rutina

El fin de las vacaciones no solo implica retomar horarios y responsabilidades. Con marzo
regresan la rutina, las metas y la presión por rendir. Esta vuelta a la normalidad puede
convertirse en una transición emocionalmente exigente, marcada por ansiedad, irritabilidad
y desmotivación, en un contexto donde el trabajo ya se posiciona como una de las
principales fuentes de estrés y uno de los motivos más frecuentes de consulta psicológica.

Volver a la rutina y su impacto en la salud mental

Después de semanas de descanso, el regreso al trabajo puede sentirse brusco. La rutina
vuelve de golpe, la agenda se llena y las responsabilidades se acumulan, justo cuando el
año empieza a tomar ritmo. A esto se le suman el inicio del año escolar y por consecuencia,
los gastos y ajustes propios de marzo. Lo que para muchos es simplemente “volver a la
normalidad”, para otros representa un proceso emocional exigente que puede impactar
significativamente en su bienestar. “Muchas personas viven este periodo como una
transición exigente, porque deben reajustar hábitos de sueño, reorganizar dinámicas
familiares y enfrentar presión laboral en paralelo. El cuerpo y la mente no cambian de ritmo
de un día para otro”, explica la Dra. Macarena Gálvez, psiquiatra y directora médica de
Grupo Cetep.

Este retorno ocurre en un escenario donde la salud mental laboral ya presenta señales de
alerta. Según datos de la Superintendencia de Seguridad Social (Suseso), el 71,8% de los
centros de trabajo evaluados en 2024 presenta un estado de riesgo psicosocial “no
óptimo” en la dimensión de salud mental, mientras que un 20,9% se ubica en riesgo
medio o alto. La sobrecarga laboral y las exigencias emocionales aparecen como los
factores que más influyen en este escenario. “Estas cifras reflejan que una gran parte de los
trabajadores ya se encuentra expuesto a niveles importantes de presión y exigencia
emocional. Cuando el retorno laboral se da en este contexto, el impacto no es menor: la
sobrecarga, las metas acumuladas y la reorganización familiar pueden intensificar síntomas
como ansiedad, irritabilidad y agotamiento. Por eso es fundamental entender que el
malestar de marzo no surge de la nada, sino que muchas veces se instala sobre un
desgaste previo”, comenta la psiquiatra de Cetep.

Según el análisis de datos de Mhaite, plataforma de Inteligencia Artificial que busca
democratizar el acceso a la Salud Mental, un 46,7% de las personas encuestadas identificó
problemas laborales como un estresor significativo, posicionando al trabajo como una de
las principales fuentes de malestar psicológico en población adulta. “Que casi la mitad
de las personas identifique el trabajo como un estresor relevante no es menor. Pasamos
gran parte del día en ese espacio y, cuando existen altas exigencias, poca desconexión o
inseguridad laboral, el impacto en la salud mental es directo. En periodos como marzo,
donde se concentran responsabilidades laborales y familiares, ese malestar puede
intensificarse si no existen estrategias de autocuidado y apoyo adecuado. Si no se reconoce
a tiempo y no se generan espacios de apoyo o ajustes necesarios, puede transformarse en
un problema más profundo, afectando el ánimo, el rendimiento e incluso las relaciones
personales”, explica la Dra. Gálvez.

¿Cuándo el malestar deja de ser “normal”?

Si bien es esperable que durante las primeras semanas aparezcan síntomas como
cansancio o irritabilidad, la especialista advierte que es importante observar la duración e
intensidad de estos. Cuando el desánimo se mantiene por varias semanas y empieza a
afectar el rendimiento o a interferir en la vida personal, podría tratarse de algo más que un
simple proceso de adaptación a la rutina. “No todo malestar en marzo es patológico, es
normal necesitar un periodo de ajuste. Sin embargo, cuando los síntomas persisten, se
intensifican o generan un deterioro significativo en la calidad de vida, es recomendable
buscar apoyo profesional. La intervención temprana puede prevenir cuadros de ansiedad o
depresión más complejos”, señala la psiquiatra.
Frente a este escenario, la clave está en asumir que la adaptación toma tiempo. La Dra.
Gálvez recomienda retomar las rutinas de manera progresiva, ordenar prioridades y evitar
exigirse resultados inmediatos durante las primeras semanas. Regular los horarios de
sueño, planificar con metas realistas y reservar espacios de descanso durante la jornada
puede ayudar a disminuir la sensación de sobrecarga. También es importante mantener
actividades que generen bienestar fuera del trabajo y conversar abiertamente sobre cómo
se está viviendo este proceso. “Marzo no tiene que vivirse como una carrera contra el
tiempo. Ajustar expectativas, pedir apoyo cuando sea necesario y reconocer los propios
límites son pasos fundamentales para que el regreso sea más saludable”, concluye la
especialista.

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