Armonia

La riqueza de ser diferentes

Uno de los pilares clave para una buena convivencia, que podemos trabajar desde nuestros hogares, es la valoración de la diversidad. Fundación CAP comparte algunas ideas para promoverla en los niños y niñas desde su temprana edad.

 

La familia es uno de los espacios más importantes donde aprendemos a convivir, es decir, a vivir de manera pacífica y armónica en compañía de otras personas diferentes. En ocasiones, respeto y valoración de la diversidad se toman como sinónimos, sin embargo existen diferencias entre ambos conceptos. Respetar la diversidad implica ser comprensivo y tolerante con aquellas características, ideas, creencias o prácticas de los otros cuando son diferentes de las propias. “En cambio, valorar la diversidad nos invita a ir más allá, ya que significa no sólo respetar las diferencias, sino también acogerlas, reconocerlas y apreciarlas como elementos que enriquecen a nuestra sociedad. En palabras simples, nos invita a darnos cuenta y promover activamente el valor igualitario de todos y todas”, destaca Macarena Undurraga, psicóloga, consultora del Programa Aprender en familia de Fundación CAP.

Cuando aprendemos a valorar la diversidad, también avanzamos hacia la construcción de comunidades más inclusivas que acogen, validan y promueven la pertenencia. De esta manera, las distintas características personales y socioculturales, intereses, capacidades, valores, etc. enriquecen los espacios de encuentro entre las personas.

Fundación CAP comparte algunas ideas para promover la valoración de la diversidad en los niños y niñas desde el hogar:

  • Valorar aquello que hace que cada miembro de la familia sea único y diferente. Es fundamental comenzar por nuestro propio hogar, respetando y apreciando los modos de actuar, pensar y sentir de cada uno. Si nos aceptamos y valoramos con nuestras diferencias, los niños y niñas aprenderán de nuestro ejemplo y lo harán con las demás personas.

 

  • Evitar las comparaciones y no juzgar a otras personas por ser diferentes. Cuando hacemos comparaciones y juicios, usualmente caemos en la valoración de un modo de ser, pensar o actuar por sobre otro. Esto da el mensaje a los niños y niñas de que hay algunas formas mejores y otras peores de comportarnos y sentir, cuando lo que debemos transmitir es todo lo contrario.

 

  • Promover la empatía. Invite a su hijo o hija a ponerse en el lugar de personas que piensan o actúan de diferente forma. Para poner esto en práctica, pueden conversar sobre películas, libros o incluso visitar lugares en que se observan culturas distintas a la propia.

 

  • Generar ambientes de acogida en su hogar. Procure que en su hogar, quien piense, actúe o sienta de manera diferente (ya sea familiar o no), se sienta respetado, reconocido y valorado en su individualidad.

 

  • Promover espacios de encuentro. Fomente las oportunidades de encuentro y colaboración  con aquellas personas que piensan, sienten o actúan de manera distinta para poder  conocerse más profundamente y descubrir  el valor de cada uno, por ejemplo, entre distintas generaciones de edad.

 

  • Reconocer nuestros propios sesgos. Es importante que en la familia se converse sobre las barreras que, como sociedad, ponemos hacia “lo diferente”, reconociendo nuestros prejuicios, discriminaciones y exclusiones que hacemos aunque sean sin intención o sin darnos cuenta.
Comentarios