Armonia Salud

Tu espalda no miente: el dolor que no estás viendo

Andrea Inzunza terapeuta dolor de espalda
Por Andrea Inzunza, terapeuta integral
Como terapeuta integral, me ha tocado acompañar a muchos pacientes con las dolencias más diversas que puedan existir. Sin embargo, hay una en particular que aparece con frecuencia: el dolor de espalda y sus múltiples manifestaciones.
Lo nombro así porque, en esta categoría incluimos lumbagos, ciáticas, discopatías, escoliosis, hernias lumbares y otras afecciones similares. Dolencias que, más allá de su diagnóstico, parecen tener un hilo en común.
Los pacientes llegan a mi consulta cansados del dolor de espalda y de no encontrar resultados con tratamientos alópatas.
Muchos ya han pasado por traumatólogos, analgésicos y sesiones de kinesiología. Están a punto de infiltrarse o incluso de entrar a pabellón.
Es en ese momento, cuando sienten que han probado todo, que buscan una alternativa.
Desde mi enfoque, les ofrezco una psicocirugía: una intervención energética que trabaja a nivel físico, mental y emocional.
En la gran mayoría de los casos, observo algo que no aparece en los exámenes médicos: cargas que no han sido soltadas. Personas que llevan más peso del que les corresponde.
El cuidado de padres ancianos, la responsabilidad económica de toda la familia, un hijo con una enfermedad crónica que requiere atención permanente y así, sucesivamente, innumerables historias donde el sostener se vuelve excesivo.
Después de la intervención, muchos pacientes experimentan un gran alivio en sus dolencias, algunos incluso llegando a una mejoría total.
Muchos de ellos cargan más de lo que pueden —y más de lo que les corresponde—. Y cuando logran verlo, cuando lo hacen consciente, algo cambia profundamente.
Tal vez la ciencia aún no logra explicarlo del todo, pero es un fenómeno que ocurre con frecuencia. Por eso, cada vez que recibo a un paciente con este tipo de dolor, antes de enfocarme en lo físico, le hago una pregunta simple, pero reveladora: ¿Qué carga estás llevando en este momento?
Porque muchas veces, la respuesta no está en la espalda, sino en todo aquello que has estado sosteniendo en silencio.
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