Como lo dije en uno de los artículos anteriores, la práctica oral, como práctica sexual, es hoy integrante habitual del repertorio sexual de la mayoría de las personas: así lo envidencian las investigaciones realizadas al comenzar este siglo. A diferencia de lo que ocurre con el sexo oral hacia la mujer, la práctica masculina es parte del inconsciente colectivo: los hombres la desean, la buscan, la aplauden. Las mujeres sabemos que cualquier hombre resultará más que agradecido cuando se le practica un buen sexo oral.
La vez pasada invité a las mujeres a reflexionar respecto de las aprehensiones para gozar la práctica oral femenina, mientras que a sus parejas los invité a hacer de esta práctica un momento tremendamente gratificante. Hoy quisiera invitarlos a reconocer todos los elementos que constituyen una buena práctica oral masculina, más allá de lo tradicionalmente otorgado y solicitado por ellos.
Es frecuente que los hombres tiendan a considerar esta práctica como un momento único de placer exclusivo, sin más que hacer entregarse a las sensaciones percibidas. Sin embargo, son pocos los que se atreven a perfeccionar o potenciar la práctica y más bien se quedan con lo que su pareja puede entregarles. Es más, muchas veces son incapaces de verbalizar sus gustos. Esto es extraño, porque en general el sexo masculino no tiene grandes inconvenientes al hablar de lo que gusta o no en la intimidad. Tiendo a pensar que en este punto aparece el pudor masculino que frena la capacidad para explicitar la necesidad de presión, movimiento, ritmo, uso de labios y lengua.
Muchas mujeres creen practicar sexo oral cuando lo que en realidad hacen es pasar una “lengua loca” por un pene o cuando besan alrededor de éste. Siempre la explicación para este acto sutil, ajeno y en absoluto erótico resulta ser “lo extraño que resulta el contacto con un pene húmedo y oliente”. Al igual que sucede con el sexo oral femenino, la incorporación del contacto oral genital masculino, en la intimidad, implica aceptar al pene, testículos y perineo como parte de un todo que es el cuerpo “sensible y vivo”, y por tanto con humedades y olores característicos.
Del mismo modo, quiero reivindicar el resto de la zona genital masculina como parte integrante y absolutamente receptiva del contacto oral. Me refiero al papel que juegan los testículos, el bajo vientre y el perineo (zona lisa que se extiende entre el fin de la bolsa escrotal y el ano masculino). Muchos hombres se han perdido la infinita sensibilidad de esta última zona, desde el prejuicio de que “el ano masculino y sus alrededores resultan impenetrables y por tanto intocables”. Gran equivocación. La zona perineal no tiene porqué ser amenazante. Su estimulación, de hecho, potencia la erección ya lograda o por lograr.
Saber entregar y recibir placer sexual a través de esta práctica no es una habilidad natural con que se nace, tal como lo mencioné la vez anterior. Si no te tomas el tiempo para enseñarlo o aprenderlo, nunca disfrutarás de sus beneficios. Por otro lado, cada hombre es diferente y por ello no importa cuán bueno o malo fue alguien dando placer oral a un hombre en el pasado, aún necesitará reaprender su técnica si se cambia de pareja. Solo él puede decirle a su pareja lo que le es placentero y funciona mejor. La comunicación es muy importante para un sexo oral placentero, y para el sexo en general. No dudes en preguntarle a tu pareja si lo estás haciendo bien, si puedes mejorar o qué está faltando. Del mismo modo –y esto para los hombres- no dejes de pedir lo que deseas, aunque sea un detalle fino pero tremendamente marcador de diferencia.
Si lo que te frena para practicar esta modalidad de sexo es el temor de no oler apropiadamente, ello puede solucionarse invitando a tu pareja a tomar un baño compartido antes de meterse a la cama o bien usar algún aromatizador genital en base a fruta, chocolate o el sabor de tu agrado. Antes de algunas sugerencia prácticas, quiero recalcar que el sexo oral masculino puede ser practicado en diversas posiciones y no sólo tendiendo al hombre de espaldas. Puedes sentarlo en una silla, puedes ponerlo verticalmente sobre ti, a la altura de tu cuello, lo que te permite una mayor zona abarcativa, puedes estar cómodamente sentada con tus piernas abiertas y él de pie entre ellas…en fin, la idea, como en toda práctica sexual, la clave es jugar a los cambios y las sorpresas, sin caer en rutinas.
Algunas sugerencias para tener en cuenta:
- Puedes comenzar desde la punta del glande, utilizando fundamentalmente tu lengua, la cual jugará un rato con el meato -abertura al centro del glande- y luego con el borde del glande, tirando hacia atrás suavemente de la piel.
- Cuando vayas a introducir el pene en tu boca, forma una ‘O’ con los labios, ajustándolos al tronco y recórrelo.
- Recuerda que el pene tiene dos caras. Dedica tiempo a cada una, lame primero a un lado y después al otro.
- Puedes chupar, lamer, succionar y besar, pero nunca utilices tus dientes ni vayas a morder el pene ni los tésticulos. Juega con los ritmos, la cadencia, el movimiento que vas imprimiendo al pene y a tu lengua.
- No olvides tus manos: sujeta, acaricia el bajo vientre y los testículos, o bien mueve de un lado a otro un pene ya vigoroso.
- A muchos hombres les encanta observar la práctica. Si eres aún más osada, puedes dedicarle una mirada directa a sus ojos.
- Por último, puedes jugar con tu lengua en sus testículos, de la misma forma que en la zona del perineo, donde puedes permitirte besos profundos y movimientos dinámicos de tu lengua.
- Puedes permitir o no llegar hasta el final y que él eyacule en tu boca. Igual que puedes tragarlo o no, según te agrade o no su sabor.
En fin, cómo practiques el sexo oral será una elección única entre tú y tu pareja. La sensibilidad de cada cual determinará qué tipo de estimulación gustará y a cual responderán mejor.












