La depresión afecta a cerca de 280 millones de personas en el mundo y es hoy la principal causa de discapacidad a nivel global, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, que se conmemora cada 13 de enero, especialistas advierten sobre el impacto sanitario y social de una enfermedad cuya prevalencia continúa en aumento.
Depresión y riesgo suicida: Cifras que alertan
En sus formas más severas, la depresión puede afectar tanto la salud mental como física de quienes la padecen. Alteraciones del sueño, del apetito, aislamiento social y sentimientos persistentes de desesperanza suelen formar parte del cuadro, especialmente cuando no existe un abordaje oportuno.
La carga que implica esta enfermedad también se expresa en el riesgo suicida, uno de los desenlaces más graves asociados a los trastornos depresivos. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud estima que más de 700 mil personas mueren cada año por suicidio, y que los cuadros depresivos están presentes en una proporción significativa de esos casos. “En los cuadros más severos puede aparecer ideación suicida, especialmente cuando la persona se siente atrapada, sin redes de apoyo o con una percepción persistente de desesperanza”, explica la Dra. Mariana Labbé, psiquiatra y directora médica de Clínica MirAndes Manquehue, única clínica psiquiátrica en Chile especializada exclusivamente en la atención de menores de 18 años, quien subraya que la presencia de estos síntomas requiere evaluación clínica inmediata.
En el ámbito nacional, el panorama también genera alerta. Este trastorno se consolida como uno de los principales problemas de salud pública del país. Según la décima edición del Termómetro de Salud Mental Achs-UC 2025, un 13,7% de la población presenta síntomas moderados o severos de depresión, lo que representa un aumento de 3.3 puntos respecto al año anterior.
A este escenario se suma la evolución de los indicadores de suicidio. La tasa de suicidio en 2024 alcanzó alrededor de 10,5 muertes por cada 100.000 habitantes, una cifra levemente superior al promedio mundial, estimado en torno a 9,0, y que sitúa al país entre los indicadores más altos de América Latina.
Mujeres y jóvenes: Grupos más afectados
En paralelo, los datos muestran que la depresión no afecta a todos por igual, ya que existe una marcada brecha de género. Según el estudio de la Achs, las mujeres registran una prevalencia de 17,4%, casi el doble que los hombres (9,8%). “Estas cifras demuestran cómo las mujeres, de manera sistemática, viven mayores niveles de carga emocional y estrés sostenido a lo largo del tiempo. La depresión no responde a una causa única, sino a la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales, donde el entorno cumple un rol determinante en su aparición y evolución”, señala la psiquiatra.
Además, en un contexto de alta exigencia e incertidumbre, los jóvenes aparecen como uno de los grupos más vulnerables. De acuerdo con el estudio de la Achs, la prevalencia de síntomas depresivos alcanza el 28,9% entre las personas de 18 a 24 años, mientras que en etapas previas, infancia y adolescencia, los síntomas muchas veces pasan desapercibidos o se confunden con cambios propios del desarrollo.
Al respecto, la psiquiatra explica que “en esta etapa de la vida confluyen múltiples factores de riesgo, como la presión académica y laboral, la incertidumbre sobre el futuro, el uso intensivo de redes sociales, los estilos permisivos de crianza y, en muchos casos, una menor percepción de redes de apoyo, lo que puede favorecer la aparición de síntomas depresivos. En cambio, en niños y adolescentes, la depresión no siempre se manifiesta como tristeza evidente. Puede expresarse a través de irritabilidad, bajo rendimiento escolar, retraimiento social o cambios conductuales, lo que hace aún más relevante la evaluación clínica especializada”.
En este contexto, la Dra. Labbé destaca el rol de los modelos de atención intermedios, como la clínica diurna, una modalidad de tratamiento intensivo en salud mental que permite intervenir de forma estructurada durante el día, sin necesidad de una hospitalización cerrada. “En MirAndes Manquehue, los pacientes menores de 18 años reciben un programa terapéutico intensivo. Este modelo permite abordar cuadros depresivos complejos manteniendo la vinculación del niño o adolescente con su vida cotidiana”, explica.
Este tipo de abordaje resulta clave para prevenir la progresión de los síntomas y reducir el riesgo de descompensaciones mayores, especialmente en etapas del desarrollo donde el impacto de la enfermedad puede ser profundo y duradero.
El impacto de la consulta oportuna
La detección temprana aparece como uno de los factores clave para evitar la progresión de la enfermedad. De acuerdo con la especialista de Grupo Cetep, cuando la depresión es identificada en sus etapas iniciales, las posibilidades de recuperación aumentan significativamente y se reduce el riesgo de complicaciones, como el deterioro funcional o la ideación suicida.
la Dra. Labbé, enfatiza que el diagnóstico y tratamiento oportunos pueden marcar una diferencia significativa en la evolución de la enfermedad. “La depresión es tratable, pero muchas personas consultan tarde, cuando el malestar ya es profundo. Reconocer los síntomas a tiempo y pedir ayuda es clave para prevenir complicaciones mayores”, señala. Según explica la psiquiatra, el retraso en la consulta suele estar asociado al estigma, a la normalización del malestar emocional o a la dificultad para reconocer los síntomas como parte de una enfermedad. “Muchas personas piensan que ‘se les va a pasar’ o que deben resolverlo solas, y eso posterga el acceso a tratamiento”, señala.
En esa línea, la especialista llama a no minimizar las alertas. “Cuando el ánimo baja, la pérdida de interés, el cansancio persistente o las ideas de desesperanza se mantienen en el tiempo y comienzan a interferir con la vida cotidiana, es importante no postergar la consulta y acudir a un profesional”, enfatiza.
En un contexto donde las cifras continúan al alza, el llamado es a comprender la depresión como un problema de salud pública que requiere atención, información y apoyo oportuno. Hablar de salud mental, coinciden los especialistas, no solo permite prevenir desenlaces graves, sino también mejorar de manera significativa la calidad de vida de quienes viven con esta enfermedad.














