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Verano sin clases y con más pantallas: cómo acompañar a niños en un uso saludable

Con el fin del año escolar, el tiempo libre y la falta de rutinas en el verano, aumentan la exposición de los niños a dispositivos digitales. Especialistas advierten sobre los riesgos de un uso excesivo y entregan claves para acompañar este período sin caer en prohibiciones extremas.

Con la llegada de las vacaciones de verano, la vida cotidiana de miles de familias cambia de forma abrupta. Sin clases ni horarios fijos, los niños pasan más tiempo en casa, mientras el uso de celulares, tablets, videojuegos y televisión se vuelve una constante. Aunque la tecnología forma parte de la vida diaria, su mayor presencia durante el receso escolar plantea un desafío para padres y cuidadores: cómo evitar que las pantallas no se transformen en el eje central del tiempo libre.

Diversas investigaciones han asociado el uso excesivo de pantallas con irritabilidad, dificultades para regular emociones, problemas de atención y alteraciones del sueño. En edades más tempranas, además, se observa una menor interacción social y una disminución del juego creativo, clave para el desarrollo cognitivo. Estas preocupaciones han llevado incluso a que se aprobara una ley que regirá a partir del año 2026, la cual prohíbe el uso de celulares en colegios, justamente para proteger el bienestar y el desarrollo de niños y adolescentes. Sin embargo, durante el verano, cuando estas regulaciones desaparecen, el uso digital puede intensificarse y sus efectos tienden a hacerse más visibles, especialmente cuando las pantallas desplazan otras experiencias fundamentales.

En este contexto, Sandra Arancibia, psicóloga infanto juvenil de Grupo Cetep, explica que el problema no radica en la tecnología en sí, sino en la ausencia de límites claros. “El verano es un período especialmente sensible, porque al desaparecer la estructura escolar, las pantallas pueden ocupar un lugar desproporcionado. Cuando eso ocurre, comienzan a aparecer dificultades en la regulación emocional y en la convivencia familiar. 

 

Cuando las pantallas se vuelven un problema

 

Los especialistas de Grupo Cetep, red de centros médicos líder a nivel nacional en salud mental, ven cómo este tipo de consultas se intensifica durante el verano: con frecuencia llegan niños con irritabilidad persistente, dificultades de atención o problemas para dormir, donde el uso de pantallas ocupa un lugar central en la rutina diaria”, señala. 

La especialista advierte que existen señales que pueden indicar un uso poco saludable, como el malestar intenso al retirar un dispositivo, la dificultad para entretenerse sin tecnología o el uso de pantallas antes de dormir. Este último punto resulta especialmente relevante, ya que la estimulación digital nocturna interfiere con los ritmos de sueño, fundamentales para el desarrollo infantil de niños entre 3 y 12 años.

Lagos plantea que, si bien no existe una fórmula única para todas las familias, el acompañamiento durante las vacaciones debe centrarse en mantener ciertos elementos de estructura, aun cuando no haya clases. Esto implica conservar horarios de sueño relativamente estables, anticipar los momentos de exponerse a pantallas y evitar que éstas se utilicen como recurso para calmar emociones o llenar tiempos de espera. Por ejemplo, acordar previamente que el uso de tablets o videojuegos será después de almuerzo y por un tiempo definido, o establecer que antes de dormir no se utilicen pantallas, ayuda a reducir conflictos y a que los niños comprendan mejor los límites. “Cuando el adulto anticipa, explica y sostiene los acuerdos, el niño se siente más contenido y disminuye la necesidad de recurrir a la pantalla como regulador emocional. Los límites no deben vivirse como castigos, sino como una forma de cuidado”.

Acompañar sin prohibir

Asimismo, la psicóloga enfatiza la importancia de integrar el uso de tecnología dentro de una rutina más amplia, donde conviva con otras experiencias. “No se trata de eliminar las pantallas, sino de que no ocupen todo el espacio del día. El equilibrio aparece cuando hay juego libre, actividad física, tiempo en familia y también momentos de descanso sin estímulos”, explica. 

En ese sentido, recomienda priorizar actividades simples y accesibles, como salidas al aire libre, lectura compartida, espacios creativos o juegos tradicionales, y permitir espacios de aburrimiento, entendidos como una oportunidad para que niños desarrollen creatividad e iniciativa. Esto no solo reduce el tiempo frente a pantallas, sino que también fortalece el vínculo familiar. “El aburrimiento, que muchas veces se evita con tecnología, cumple un rol importante: estimula la creatividad y la capacidad de iniciativa”, agrega.

Finalmente, la psicóloga subraya la importancia del rol del adulto como modelo. El uso que padres y cuidadores hacen de sus propios dispositivos influye directamente en la relación que los niños establecen con la tecnología. El verano puede convertirse en una oportunidad para revisar hábitos familiares y promover un vínculo más consciente con las pantallas, equilibrando el mundo digital con experiencias reales y compartidas.

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