Sexo y Mujer

CUANDO NO ES POSIBLE LA PENETRACIÓN

Partamos desde algo simple y básico: la penetración no es un acto que resulte a la primera ni que sea el producto obvio del estar enamorados o de sentir deseo sexual. La actividad penetrativa requiere de aprendizaje, tanto para el hombre como para la mujer.

En el caso de las mujeres, más allá del obstáculo del himen, al inicio de la actividad sexual, la penetración requiere de excitación, de una vagina distendida, de lubricación y de apertura, siendo esta no sólo física, sino también afectiva y psicológica.

Para aquellas mujeres que han iniciado actividad sexual penetrativa será fácil recordar aquellas primeras veces donde, pese a los intentos, la penetración fue complicada o molesta. Los primeros intentos siempre van cargados de una cuota de ansiedad por querer lograrlo y, en el mejor de los casos, de llegar a sentir algo agradable. Esperar sentir un orgasmo en esas primeras ocasiones claramente es una falsa expectativa.

Sin embargo, hay mujeres que se enfrentan a dificultades penetrativas por largo tiempo, sin ser capaces de lograr siquiera algún intento. La sola idea de la penetración se puede volver un hecho amenazante causando tensiones y generando una contracción involuntaria, de manera recurrente o persistente, de los músculos del tercio externo de la vagina, impidiendo la introducción del pene, e incluso de los dedos o de un tampón. Este problema puede aparecer en el 12% de las mujeres, según estudios internacionales.

La respuesta sexual, en estos casos, no se ve alterada necesariamente por este problema. Las mujeres con esta dificultad pueden tener deseo, pueden excitarse y pueden lograr un orgasmo, siempre y cuando la actividad sexual sea sin penetración.

Este problema puede relacionarse con factores psicológicos tales como:

  • Tener fantasías de que la penetración puede producir una lesión o daño.
  • Fuerte temor al embarazo o desconocimiento respecto de la anatomía sexual femenina y la preparación necesaria para lograr la penetración.
  • Una educación muy restrictiva y con una concepción negativa del sexo.
  • Experiencias reales traumáticas de contenido sexual, que afectan la disposición a ser penetrada.

También es posible que algunas condiciones de salud o causas físicas puedan dificultar la penetración. Entre estas tenemos la presencia de endometriosis, infecciones vaginales, fibrosis de la región anterior a la horquilla o la presencia de un anillo fibroso del orificio o entrada vaginal, todas las cuales pueden dificultar y/o hacer muy doloroso el intento de penetración. En estas situaciones, cualquier acción penetrativa puede tornarse desagradable ocasionando evitación y desagrado.

Lo importante es que más allá de cuál sea el origen del problema, las parejas que no han podido conseguir la penetración pueden lograrla de forma exitosa a través de una intervención terapéutica específica. La terapia sexual dispone de técnicas que ayudan a la pareja a devolver a la experiencia sexual su aspecto placentero, permitiéndoles avanzar paso a paso y sin ansiedades, al logro de la experiencia sexual penetrativa.

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